miércoles, 16 de septiembre de 2009

Llovía soles.


Camino por las calles sin sentido alguno, ya no hay llegada, ni alguien esperando por mí. Siento la voz de las personas y los árboles flamean sus hojas.

Ya nada volvió ha ser como ese día. Durante el amanecer, los pájaros nadaban, los perros maullaban. Por la tarde llovía soles y brillaba lluvia.
Era ilógico, pero así era mi mundo aquella vez, fuera de lo común, de lo permitido, lejos de moral, cerca del cielo, a un paso del infierno.
Llegó la noche y te encontré dormido sobre una roca, te desperté. ¡Que ojos aquellos los que me miraron! Nunca había visto algo así, tanta perfección para ser humano. Tomé tu mano, te invité a caminar y con tus palabras y miradas vi un alma en tí… logramos irnos.
Vimos como las estrellas que brillaron más que nunca, sentimos el viento acariciando nuestra cara y la lluvia besando los labios. No había frío, ni soledad, era todo tan irreal que llegaba a ser cierto. ¿Y qué más se podía pedir? Tanto anhele el sol en invierno, las flores en otoño. Pero sin embargo imploré algo…que ese día fuera eterno, tanto lo desee que llego acabarse, comenzaba a despertar y era un día nuevo. La lluvia en invierno, el sol el verano… las hojas caídas del otoño.

¿Se cumple el sueño otra ves? ¿Cuánto se ha de esperar para que vuelvan? ¿Qué se ha de hacer? Debe haber un camino la cielo, hablar con Dios y llegar a un acuerdo… o no?
¿Tomar alguna medicina? ¿Algún veneno como el de Julieta para que mi sueño sea más largo, haber si logro encontrarte con más tiempo? Por que te busco en mis sueños, hasta te busco durante el día y no estás. Por que no te persigo por amor, ni mucho menos por amistad… es algo más allá, no hay palabras que lo expresen, ni gesto alguno que lo manifieste.

Y te espero en aquel lugar, donde lo cierto era mentira y la mentira es ley. ¿Me estarás buscando tú también? ¿O te has perdido? ¿Te ha tragado la faz de la tierra?

¿Y que más da? Soy de una pepa de sandia. Una pepita que algún día será una planta, parte de un estómago o parte del basurero. Una de esas destinadas a vivir y morir, que de hobby solo logra para soñar y que con paciencia ha logrado amar.

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