
Llueve sobre la ciudad. Kenai goza sentir la lluvia por su cara. Sus gotas cierran sus ojos, quieren que logre escucharlas, quiere contar un secreto. Salta por los charcos de agua mientras disfruta ver que el agua salta con él.
Las calles aparentar ser las mismas de ayer, aunque ahora estén húmedas. No hay mucha gente, solo aquella que bajo su paraguas corre arrebatando todo lo que topa. Sin ni siquiera detenerse a sentir el placer que siente Kenai.
Lleva mucho tiempo buscando algo, quizás meses, quizás un año, quizás más. No lo encuentra. Ha investigando por todo lugar. Se ha dejado influenciar hasta de los más malvados rufianes y los más necios humanos.
Pero los días de lluvia, él no busca nada, son su día. El aire lo lleva hasta donde sus pies puedan. Aunque esta vez, la naturaleza, cansado de ver que no ha de pillar rastro, lo deja en un lugar especial.Es una gran casa (una así como las de las películas que solía ver cuando lograba escuchar el silencio), mucho pasto, árboles, flores.
Toca el timbre, pero no abren. Toca la puerta con una piedra que encontró a su costado. Hasta que al fin alguien abrió.
Toca el timbre, pero no abren. Toca la puerta con una piedra que encontró a su costado. Hasta que al fin alguien abrió.
Esperanza: ¿Si?
Kenai: Hola... ¿Estará Verdad?
Esperanza: Lo lamento amigo, hace tiempo que no vuelve, solo está la Mentira, la Desilusión y la Alegría.
Kenai: No. Si con ellas más de una vez me encontré. Y alegría es parte de mi vida
El silencio se apropia de la atmósfera.
Kenai: (Triste) ¿Crees que algún día vuelva?
Esperanza: Claro... Ella siempre trae sorpresas, puede llegar enseguida, como puede demorar, pero siempre vuelve.
Kenai: (Algo más conforme) Gracias. Eso espero. Si la vez, dile que la estoy buscando.
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